La Alimentación


Un acto por repensar, reflexionar y redefinir desde la perspectiva educativa

Ernesto De La Cruz

Resumen

El presente trabajo se refiriere a las relaciones y reflexiones que desde la perspectiva educativa se deben esclarecer y profundizar sobre el fenómeno alimentación-nutrición, y que han caracterizado el devenir actual, haciendo mención de manera ocasional a referentes históricos, sociales, psicológicos y biológicos que interconectan, a nuestro modo de ver, el ayer con el hoy, como causa y consecuencia el uno del otro. La aproximación desde la visión, en ocasiones, socio-cultural obedece al entendimiento del régimen alimentario, de acuerdo a lo propuesto por Lovera (1988), como un complejo de alimentos y de conocimientos, valores, comportamientos y técnicas relativos a ellos, producidos por una sociedad en un medio físico e histórico determinado u obtenidos por intercambio, que durante cierto período aseguran su existencia cotidiana, satisfaciendo sus gustos y permitiendo su persistencia en un conjunto de condiciones socio-económicas específico. Lo que interesa aquí, es tratar de perfilar un camino señalado por estas relaciones e implicaciones en la formación-mejoramiento de nuestros hábitos alimentarios como estrategia de salud y vida, desde la visión de la educación en el medio escolar.

Palabras clave: Educación alimentaria, Formación docente, Educación para la salud, Cultura alimentaria.

Abstrac

The present work refers to the relationships and reflections that should be clarified from the educational perspective and to deepen on the phenomenon feeding-nutrition, and that they have characterized becoming current, making mention in an occasional way to relating historical, social, psychological and biological that interconnect, to our way of seeing, the past with the today, like cause and consequence the one of the other one. The approach from the vision, in occasions, socio-cultural it obeys the understanding of the alimentary régime, according to that proposed by Lovera (1988), as a complex of foods and of knowledge, values, behaviors and relative techniques to them, taken place by a society in a half physical and historical one certain or obtained by exchange that you/they assure their daily existence during certain period, satisfying their likes and allowing their persistence in a specific group of socio-economic conditions. What interests here, is to try to profile a road pointed out by these relationships and implications in the formation-improvement of our alimentary habits as strategy of health and life, from the vision of the education in the school means.

Words key: Alimentary Education, Educational Formation, Education for the health, Alimentary Culture.

Consideraciones preliminares

El docente es el elemento fundamental que tradicionalmente se ha vinculado a la enseñanza, por ser el docente quién proporciona al estudiante la mayor cantidad de situaciones y actividades con el propósito de que los estudiantes cambien su conducta y accionar. A este respecto Neira (2000) refiere que entre los factores que afectan a la enseñanza, los que dependen del docente son los más numerosos, entre ellos: la pedagogía del docente, la motivación del docente, el conocimiento de la asignatura y las características humanas son la de mayor relevancia.

No debe perderse de vista que el alumno pasa bastante tiempo en las aulas y que su profesor se convierte en su referente más importante en cuanto a sus actitudes, comportamientos, emociones y sentimientos. El docente, lo quiera o no, es un agente activo de desarrollo afectivo y debe hacer uso consciente de esta habilidades en su trabajo, responsabilidad compartida con la familia de los alumnos (Extremera y Fernández-Berrocal (2002). Otro aspecto de la praxis educativa muy estudiado, se refiere a los estilos pedagógicos que adoptan los profesores en su práctica educativa, y los cuales son una de las principales dificultades para promover cambios en los paradigmas de la acción docente (Rodríguez, 2004).

En el contexto específico de la educación para la salud, la educación alimentaria constituye una estrategia en la formación humana para la vida. Es una línea de trabajo pedagógico que nos permite adquirir mayor consciencia acerca de la importancia que damos a la primera necesidad humana y nos induce a revalorar la propia cultura alimentaria y el rol del educador en la formación de hábitos, actitudes, emociones y conceptos en torno a los alimentos, la alimentación y la salud, a partir de los primeros años de vida del individuo, desde una perspectiva integral.

Debemos partir por esclarecer que la alimentación y la nutrición no son sinónimos. De acuerdo a los expertos la nutrición es el conjunto de procesos bioquímicos que se producen en todos nosotros de forma individual, involuntaria e inconsciente. La alimentación en cambio, es la forma que tenemos de llevar a cabo la nutrición y que está muy influenciada tanto por la cultura, la educación y el ambiente entre otros.

Por ello, la educación en alimentación debe orientarse a potenciar o modificar los hábitos alimentarios, involucrando a todos los miembros de la comunidad educativa; niños, padres, maestros, directivos y sociedad en general. Educar sobre la necesidad e importancia de una buena alimentación implica: descubrir y erradicar creencias, mitos y conductas erróneas; promoviendo consciencia sobre las diversas funciones o roles que juega o debe jugar la alimentación en las diversas esferas de la vida, la salud, los aprendizajes, la producción, distribución y consumo de alimentos; fomentar conceptos, actitudes y conductas claras y fundamentales sobre la alimentación.

Los problemas asociados a la alimentación, a la nutrición y a la salud a nivel mundial están, arraigados en lo biológico, lo económico, lo ecológico, lo social y lo cultural; los cuales deben ser considerados como una prioridad en las políticas de desarrollo social por los diversos países (Fundación Colombiana para la Nutrición Infantil (s/f). Por otra parte, las conductas en cuestiones de comida reflejan la manera de pensar sobre ella, el grupo en que se nace y se crece determinan lo que produce placer físico y psicológico, los gustos y los hábitos que se han formado en la experiencia personal e individual son inseparables. Además, toda cultura posee un bagaje de leyendas, cuentos, dichos, mitos y juegos que estructuran y dan razón a la existencia de prácticas, de prohibiciones (tabúes) y preferencias alimentarias. Estos referentes han sido considerados - o lo han simulado- en las políticas educativas nacionales durante algún tiempo y con mayor o menor resonancia según el caso, pero en realidad han desviado el problema del verdadero nudo crítico, que a nuestro entender, se ubica en la nutrición como problema de la Educación.

La alimentación como hecho educativo

En Venezuela, el gobierno y las instituciones especializadas han elaborado y publicado directrices alimentarias como base para la educación nutricional estas son: Las guías de alimentación para Venezuela, guías de alimentación para el niño menor de seis años, las guías de alimentación en la escuela para la primera, segunda y tercera etapa de la educación básica, sin embargo no han llegado a la población, al este respecto, se deben generar campañas educativas nacionales, regionales y locales con los lineamientos compartidos por los diferentes entes y con la participación de las comunidades. En este sentido y en opinión de Martínez, (1999), el conocimiento debe ser incorporado en los centros académicos que deben convertirse en espacios continuos para el autocuidado de su estado nutricional y es el docente quien debe guiar esta información. Así mismo, no es posible continuar pidiendo a los docentes que realicen en sus aulas lo que no ven aplicado en su propia formación tanto en lo referente a contenido como a enfoque, método, valores y actitudes. Debe existir coherencia entre lo que los educadores aprenden (y como lo aprenden) y los que se les pide que se les enseñe (y como lo hagan) en las aulas, Mirabal de Molines (2005).

Estos programas, a juicio de Vegas (2005) deben abocarse: (a) Conocer las causas y mecanismos de la aparición y desarrollo de los problemas nutricionales, donde los factores biológicos interactúen con los factores sociales, económicos, psicológicos y, en donde su estudio de forma interdisciplinaria logre un balance satisfactorio, (b) Comprender como la motivación, el conocimiento, la imagen de sí mismo y la capacidad de decisión, conforman elementos claves que intervienen en la conducta alimentaria, (c) Redefinir la educación alimentaria y nutricional sobre la base de la participación comunitaria a través de una pedagogía ascendente y horizontal, y (d) Generar impacto, traducido en cambios de conducta, basados en las características propias de los sujetos y con la capacidad de resolver situaciones nutricionales no deseables. Esto apunta a cambiar el sentido que la comunidad y la sociedad en general, da al alimento, a la manera de prepararlo y de consumirlo.

Otras de las barreras que se destacan, lo constituye el hecho de como se ha abordado el acto pedagógico de la alimentación, si ha sido conceptualizado como la acción responsable, interpersonal y elevadora, ejercida por un educador consciente, cuya finalidad es la madurez del ser y la conciencia del educando, Henz, (1976), o se ha reducido a informar acríticamente un saber fundamental, sin implicaciones formativas para su vida, sin valorar su historia alimentaria, sin aportar soluciones creativas que permitan satisfacer sus necesidades fisiológicas, culturales y sociales en materia alimentaria, relegándose a espacios o fechas de calendario académico, a contenidos irrelevantes y a tiempos insufiencientes para el repensar en la alimentación como un saber interdisciplinario por excelencia, -no descubierto-, para lograr el autodesarrollo del individuo. Así mismo, la escuela tiene que vincularse al entorno, construir puentes entre la cultura académica y la cultura que se está creando, entre los que se destacan: la tolerancia, el esfuerzo personal, la coherencia, la solidaridad y cooperación, el espíritu crítico y creativo. Para ello, destacamos las consideraciones de Ugas (2005) al referirse que es necesario convertir el aula en espacio de acción y pensamiento, generar cambios metodológicos y superar los "obstáculos pedagógico" que la caracterizan actualmente y donde la acción del docente es esencial. Analicemos diversas perspectivas en el ámbito nutricional a fin de aclarar algunos aspectos al respecto.

La Educación en nutrición, referentes históricos

Desde hace más de 60 años, el aspecto de la educación en nutrición dirigido a la población y en la educación formal ha sido motivo de importantes decisiones entre diferentes entidades nacionales. En 1948 se organiza el Consejo Informativo de Educación Alimentaría (CIDEA), con la finalidad de educar a la población en materia alimentaria y nutricional, su actividad fue bastante intensa centrándose en charlas comunitarias y escolares. Como estrategia para la enseñanza de la alimentación y nutrición en 1954 se crean los clubes escolares de nutrición y en 1954 se incluye como objetivo de quinto grado de la educación primaria. Con el fin de tomar acciones en beneficio del estado nutricional y de los hábitos alimentarios de la población infantil, en 1977 se declaran a las cantinas escolares como un servicio de primera necesidad. En 1979 se publica el manual de nutrición para el maestro como guía para la actualización del docente en educación primaria Heredia, (2007).

El Instituto Nacional de Nutrición conjuntamente con el Ministerio de Educación realizan una revisión curricular de los programa de educación básica en 1987 y publican cuatro folletos que abarcan los contenidos y estrategias metodológicas para la enseñanza de la alimentación y nutrición. La Fundación Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia (CENAMEC), la fundación CAVENDES y el Instituto Nacional de Nutrición en 1989 realizan un programa de Educación Nutricional dirigido a actualizar a los docentes en Educación Preescolar, Básica y Media con temas de alimentación y nutrición, desarrollando las actividades con especialistas en el campo de la nutrición y educación. Entre los propósitos de este programa educativo se consideró la necesidad de difundir los enunciados y los mensajes de las guías de alimentación para Venezuela, elaboradas en 1991 por el Instituto Nacional de Nutrición y la Fundación CAVENDES.

En 1992 se realiza un diagnóstico de la enseñanza de la alimentación en la Educación Básica Venezolana a cargo de las profesoras Diana de Barboza y Dalia de Tancredi ambas del CENAMEC, donde se reporta que el proceso de enseñanza de los contenidos de alimentación y nutrición se ve altamente afectados por la falta de recursos y de materiales instruccionales, la deficiencia existente en la formación docente, la carencia de espacios físicos y ambientes apropiados, de equipos, herramientas y bibliotecas, así como también que las instituciones de educación superior diseñen mecanismos para la actualización y mejoramiento de docentes en servicio e incorporen temas de alimentación y nutrición en algunos componentes curriculares de sus cursos de pregrado y postgrado. Igualmente las instituciones que forman docentes, deben incorporar en sus programas, experiencias para la enseñanza de la alimentación y nutrición en los diferentes niveles de la educación formal, Barboza y Tancredi, (1992).

Han pasado quince años y nuevas visiones o acciones no se han acometido, las instituciones formadoras de docentes no han "visto con interés" el problema alimentario como problema educativo, no se evidencian -hasta lo que conocemos hoy- políticas educativas que se orienten al estudio de la educación alimentaria y nutricional como parte -y todo- de ese constructo Educación el cual alude a una actividad del ser social que es el Hombre y cuya intencionalidad involucra opciones sensibles, estéticas y afectivas, pero también necesidades bio-históricas; que impliquen la formación de pautas conductuales, transmisión de conocimientos; que permita al Hombre conocer su entorno y así mismo; que designe relaciones interpersonales con intencionalidad constructivo/transformadora del individuo-colectivo y del entorno como escenario del desarrollo vital, Ugas, (2005). Tal vez podemos repensar-reconstruir-redefinir la educación alimentaria como concepto o hecho del proceso histórico-biológico-social en el cual, diferentes ámbitos de la ciencia -disciplinas-, se lo han "apropiado", y hacerlo "propio" de un todo interdisciplinario, con las consecuencias que ello conlleva. Aportemos algunos referentes históricos al respecto.

Desde la época primitiva hasta el momento actual muchos de los problemas nutricionales tienen su raíz en los cambios ocurridos por causas como la domesticación de plantas y animales, base de la agricultura y la tecnología de los alimentos, hechos que han cambiado profundamente la composición de la dieta suscitando cambios en los hábitos alimentarios, Jaffé, (1988). Estos hechos describen un marco cultural en que se establecen las elecciones de alimentación, las interrelaciones que se pueden dar entre sus determinantes antropológicos y biológicos, y en especial, sobre el impacto que tendrían estas decisiones alimentarias aprendidas durante la infancia sobre la génesis de enfermedades en la edad adulta tales como: obesidad, diabetes, hipertensión arterial, osteoporosis e hiperlipidemia, Busdiecker, (2000).

Por ello, la Educación Nutricional es preciso considerarla en razón de los factores que determinan el comportamiento alimentario del ser humano y que son la base de la enorme variabilidad de hábitos que presentan los individuos, al llevar a cabo su elección de alimentos entre los cuales están: la disponibilidad del alimento, factores sociales como la incorporación de la mujer al trabajo o la organización escolar, las modas, nuevos alimentos o abundancia de algunos de ellos, la publicidad de nuevos productos, las innovaciones en tecnología culinaria tales como el microondas, los factores religiosos y dentro de ellos podemos incorporar los modelos culturales, tradiciones y tabúes sobre los alimentos y por último, el factor referido al costo económico de los alimentos, Saenz, (1988). En la actualidad, los principales problemas nutricionales de la población mundial y venezolana se deben a dos factores fundamentales: a) carencias que derivan en distintos grados de desnutrición y b) excesos o desequilibrios que se traducen en distintos trastornos. Las causas de estas caras de la realidad alimentaria son múltiples y sus efectos en la salud de la población en general impiden alcanzar los objetivos de programas educativos, científicos e industriales.

En síntesis, la alimentación es algo más que una necesidad fisiológica ya que para cada individuo tiene numerosas significaciones emotivo-simbólicas y sociales que se inician desde el período de la lactancia materna, configurando una fuerte señal de cultura e identidad. La mayoría de las personas comen lo que aman con preferencia, a lo que les gusta con independencia en muchos casos de su bondad nutricional. La alimentación influye en la personalidad individual, pero elementos de la personalidad ejercen también una influencia considerable, hasta en algunos casos afecta de manera importante la cantidad, calidad y frecuencia a la preferencia y aversiones en materia de alimentos. Por lo cual, cuando se quiere emprender una campaña o programa de educación alimentaria y nutricional en el seno de una institución educativa, de un grupo étnico o cultural determinado, es muy importante conocer los aspectos simbólicos que los alimentos revisten, los hábitos alimentarios que han sido estandarizado en el curso de toda evolución y forman parte del comportamiento.

En el presente, y más que nunca, el fenómeno de la globalización, las influencias foráneas y la penetración económica auspiciada por el modelaje que se orienta a la imitación de patrones culturales extranjeros, puede conducir, a juicio del Dr. José Rafael Lovera (2003), a la perdida de esa identidad y de valoración de nuestra cultura culinaria. Así propone algunas orientaciones en pro de su salvaguarda: 1.- Sensibilizar a los integrantes de nuestra sociedad en relación con la importancia que tienen nuestras tradiciones alimentarias, y 2. Incluir en la Escuela Básica una instrucción destinada a familiarizar a los educandos con nuestras preparaciones típicas y su degustación, lo cual fortalecerá la identidad cultural del venezolano.

En este último aspecto, la falta de una adecuada educación alimentaria y nutricional es consecuencia directa a que en la escuela existen muchas disciplinas y no se encuentra tiempo para la nutrición, ya que se considera menos importante, falta de personal calificado, el desconocimiento de las guías nutricionales, poca participación de la comunidad educativa. La aplicación de la misma arranca de la propia nutrición en el sentido de su papel destacado en la salud de la población, por lo tanto la proyección de la educación alimentaria se debe iniciar en las edades tempranas y hacer énfasis en los grupos que inciden en ellos, la familia, la escuela y el maestro, Saenz, (1988). Estas ideas dejan pasar -tal vez inadvertidamente- una perspectiva de la alimentación que merece nuestra atención y que aportarían espacios para el repensar y el reflexionar sobre la alimentación.

La alimentación como hecho socio-histórico

La alimentación es un hecho bio-psico-social complejo y como tal hay que abordarlo: la gramática culinaria, las categorizaciones de los diferentes alimentos, los principios de exclusión y de asociación entre tal y cual alimento, las prescripciones y las prohibiciones tradicionales y/o religiosas, los ritos de la mesa y de la cocina, etc., son todo ello estructura de la alimentación cotidiana. Los diferentes usos de los alimentos, el orden, la composición, la hora y el número de comida diarias..., todo ello está codificado de un modo preciso. Un cierto número de "indicadores" gustativos afirma una identidad alimentaria, delimita la pertenencia culinaria a un territorio determinado. Por ello las historias nacionales y las actitudes individuales relativas a la alimentación no pueden ser comprendidas completamente sino se relacionan con las diferentes costumbres alimentarias y con las particularidades que les son propias. Los hábitos alimentarios son una parte integrada de la totalidad cultural. Somos lo que comemos y comemos lo que somos, Contreras y Garcia, (2005).

Comemos aquello que nos sienta bien, ingerimos alimentos que son atractivos a nuestros sentidos y que nos proporcionan placer, llenamos nuestra bolsa de mercado (o carrito, según sea), de los productos que nos permite nuestro poder adquisitivo, y que nos presentan los medios de comunicación, servimos o nos sirven comidas según si somos mujeres u hombres, niños o adultos, pobres o ricos y elegimos o rechazamos alimentos a partir de nuestras experiencias diarias y de nuestras ideas dietéticas, religiosas o filosóficas.

En el escenario de la alimentación, las prácticas alimentarias no son solo hábitos, en el sentido de repetición mecánica de actos, iluminadas por un positivismo ingenuo a partir del cual el conocimiento científico y la verdad son la misma cosa. Consecuentemente, las prácticas alimentarias no pueden interpretarse, como frecuentemente se ha hecho, como hábitos, más o menos inadecuados, sino que deben ser considerados como consecuencia también de razones culturales. Aparentemente, para la medicina y la nutrición, el ser humano se nutre sólo de glúcidos, lípidos y prótidos... pero lo cierto es que los alimentos, además de nutrir, significan y comunican.

Esta selección de alimentos que una determinada sociedad realiza de entre los diferentes recursos accesibles y comestibles se explica por razones técnicas y económicas. Pero también, se considera una cuestión de gusto o sabor y, muy a menudo, se explica por las creencias relativas a la bondad o maldad atribuidas a tal o cual alimento. También puede explicarse por el estatus de los alimentos en el seno de los sistemas de organización y de funcionamiento de la naturaleza que las sociedades humanas han elaborado a lo largo de su historia.

Para ilustrar esta idea citamos a José Rafael Lovera (1988) al referirse a las diferentes variedades de pan en la Venezuela de los siglos XVI y XVII y su profunda significación étnico-cultural: el pan de trigo o pan blanco al que se le atribuían propiedades nutritivas asociadas a la civilización y el progreso, era el pan del conquistador, militar, religioso. Le seguía el pan de maíz, la arepa, cuyo consumo se difundió incluso entre las capas socio-económicamente altas. A continuación, el pan de yuca, el casabe indígena, pan predominante en el ámbito rural. Finalmente, el pan de plátano, mantenimiento fundamental de los esclavos negros de la época y al que se le atribuían propiedades favorecedoras de la indolencia. Otros ejemplos pueden analizarse en la actualidad, los alimentos Light, la comida gourmet, el vegetarianismo, los diferentes tipos o modos de expendio de comida, entre otros.

Es por ello importante destacar, que la comida proporciona importantes aspectos de identidad sociocultural, el comer es esencialmente una actividad social. Donde los modos como son preparados, servidos los alimentos, los alimentos que son concebidos para ser compartidos con otras personas, las maneras como nunca serían utilizados... Todo ello expresa los modos mediante los cuales los individuos de diferentes sociedades proyectan sus identidades. Las prácticas alimentarias son, a su vez, cruciales para la reproducción social de las sociedades. De hecho, la alimentación es el primer aprendizaje social del ser humano. La cultura alimentaria, en opinión de Contreras y Garciá (2005), es el conjunto de representaciones, de creencias, conocimientos y de prácticas heredadas y/o aprendidas que están asociadas a la alimentación y que son compartidas por los individuos de una cultura dada o de un grupo social determinado dentro de una cultura.

La alimentación también constituye una vía privilegiada para reflejar las manifestaciones del pensamiento simbólico y la alimentación misma constituye, en ocasiones, una forma de simbolizar la realidad. Creamos categorías de alimentos (saludables y no saludables, convenientes y no convenientes, ordinarios y festivos, buenos y malos, femeninos y masculinos, adultos e infantiles, calientes y fríos, puros e impuros, sagrados y profanos, etc). Dicho mecanismo está pautado por el sistema de creencias y valores existente en cualquier cultura y puede determinar, a su vez, qué alimentos son objeto de aceptación o rechazo en cada situación y por cada tipo de persona; ejemplo de ello encontramos: la carne, la morcilla y la sangre, las caraotas negras con azúcar, la pizca, los patacones con verduras, el cebiche, la comida macrobiótica, el sushi, etc.

Aquí, se presentan dos tendencias contrastadas: la consistente en estudiar al ser humano como una especie biológica y la dedicada a abordar la diversidad cultural independientemente de toda consideración relativa al entorno. Esta bipolaridad, que nos evoca la dicotomía naturaleza/cultura, ha conducido en la actualidad a una oposición contrastada entre aproximaciones idealistas o materialistas. Del lado de la vida orgánica, desde el darwinismo cultural hasta la sociobiología y desde el funcionalismo hasta el materialismo cultural, se ha perpetuado la voluntad de afirmar las causas naturales de la cultura. Del lado de la vida cultural se encuentra toda la tradición durkheimiana, el estructuralismo, según la cual lo social es una realidad autónoma resultado del lenguaje y del pensamiento simbólico, De Garine, (1995). En todo caso, la tendencia a lo largo de los últimos 50-60 años, ha sido el estudio de la problemática alimentaria centrada en lo biológico, lo cultural o lo ecológico y no han sido confrontadas las unas con las otras en el mismo nivel de igualdad.

En términos generales, desde la segunda mitad del siglo XX, la alimentación ordinaria se ha homogeneizado progresivamente, como consecuencia de haber pasado, en poco tiempo, de ecosistemas diversos a superespecializados e integrados en grandes "corporativos" sistemas agroalimentarios poco sustentables a escala mundial. Hemos aumentado la producción mundial de alimentos, estamos produciendo alimentos cada vez más funcionales, biofortificados, radiados, clonados, resistentes, transgénicos, etc, han desaparecido variedades de plantas y animales que antes conformaban la dieta de grupos o sociedades particulares. De igual forma nuestra cocina ha sido transferida a la industria, como consecuencia de ello, cada vez se consumen más alimentos procesados industrialmente, de origen mundial gracias al intercambio y la globalización, lo que sumado al "éxito" de la Fast-food y la macdonalización son aspectos que caracterizan nuestra gastronomía.

Esta Modernidad alimentaria, creada por la revolución industrial, ha defraudado la relación del hombre con su alimentación, desconectado los códigos alimentarios referidos a las categorías sociales y los signos, ritos, y prácticas han entrado en crisis extrema. Se puede observar una desestructuración de los sistemas normativos y de los controles sociales que tradicionalmente han regido las prácticas y las representaciones alimentarias, Contreras-García (2005). Situación que se expresa en altos niveles de obesidad, incremento en las tasas de mortalidad asociadas a enfermedades no transmisibles, como contraparte la desnutrición y la alteración-destrucción del ambiente, son características cada vez más frecuentes de este fenómeno a nivel mundial. Es momento para reflexionar y redefinir el papel protagónico de la escuela y el rol del docente -y sus formadores- en la nueva conceptualización de la alimentación y su devenir como eje de la sociedad.

Reflexiones finales

A manera de reflexión y en la medida que lo descrito, no es definitivo, sino un camino que se plantea y que invita a repensar, reflexionar y redefinir lo alimentario como problema educativo se destaca:

La ingesta de alimentos no se reduce únicamente a satisfacer una necesidad biológica, sino que se relaciona con la toma de decisiones en los planos psicológicos y culturales. No sólo satisfacemos el hambre, también, ingerimos los alimentos que nos gustan, buena parte de los cuales forman parte de la cocina a la que estamos acostumbrados por tradición.

La educación alimentaria es una estrategia que permite prevenir, e incluso corregir, hábitos de consumo alimentario que se caracteriza a menudo con carencias, excesos y desequilibrios. Este enfoque educativo debe orientarse a propiciar un mejor conocimiento de los recursos naturales de cada región y favorecer mejores estados de nutrición y calidad de vida.

Si bien la educación en materia alimentaria y nutricional no es la respuesta total a los problemas que se presentan por carencias o excesos en el consumo, si constituye un aspecto sustantivo de la educación formal. Por ello la formación integral del futuro docente en este campo es una necesidad permanente, considerando los problemas de salud que derivan de ella y que, lamentablemente cada día son mayores en nuestro país.

Por ello, la educación en la alimentación debe propiciar un sistema de actividades y de comunicación donde el pensamiento reflexivo y el creativo se desarrollen a la par de una actitud coherente, con el devenir actual y la función fundamental de la educación como formadora del Hombre.

Problematizar el acontecimiento educativo a partir de un análisis que incorpore nociones, conceptos y categorías con las cuales el enseñar buenos hábitos alimentarios, exprese o se caracterice por nutrirse de relaciones, matices discursivos e incidencias sociales, constituyendo esto un nivel de análisis necesario para delinear ciertas claves socio-pedagógicas de lo escolar en el ámbito de la nueva educación alimentaria.

Educar en la alimentación debe orientarse al desarrollo personal y mejora profesional de su práctica educativa y de todos los agentes implicados en el proceso de su enseñanza, dentro de un contexto bio-histórico-social dirigido a la integración educativa, partiendo del criterio de que este acto pedagógico, nos permitirá tener una actitud flexible y transformadora que debe proponer romper las murallas o barreras para edificar la nueva escuela, cuyos principales apellidos sean: integrada, solidaria, respetuosa, reflexiva, divergente, desarrolladora, abierta y consistente con las necesidades de todos los alumnos. Esto en el marco de una educación alimentaria tiene resonancia significativa.

Referencias Bibliográficas