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"Inquietud de lucha, de saber y de servir". Así resumía José María Bengoa en 1940, en el prólogo de una de sus primeras publicaciones, el que tenía que ser su lema de trabajo. La biografía del maestro y del amigo que nos dejo el pasado 16 de enero, es un ejemplo de la condición social que justifica la actividad de los científicos. Cuando recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Alicante en enero de 2004, pronuncio un discurso de investidura titulado "Tras la ruta del hambre". Estas seis palabras resumen a la perfección la historia de compromiso con las clases y los sectores más desfavorecidos de la sociedad, que significó su trayectoria vital y profesional. El profesor Bengoa representó, mejor que nadie, al colectivo de voces autorizadas que desde hace décadas nos recuerdan que para resolver el problema del hambre tenemos que resolver los problemas de la pobreza y de la injusticia.
Recién licenciado en medicina por la Universidad de Valladolid, el golpe militar de julio de 1936 que desencadenó la guerra civil española, le sorprendió en su Bilbao natal. Se sumó a la lucha del pueblo vasco por la libertad, colaborando en la organización de la sanidad del ejército de Euskadi y padeciendo el exilio a tierras venezolanas. En su experiencia como médico en la Venezuela rural, supo captar la importancia que tenían una alimentación y nutrición deficientes en el desarrollo de las enfermedades y problemas de salud. Con una visión multidisciplinar, supo conjugar las perspectivas que ofrecían la salud pública, la ciencia de la nutrición y las ciencias sociales para resolver las deficiencias en materia de nutrición. Aquella experiencia de lucha contra el hambre y la desnutrición supuso el primer paso de una larga y fructífera carrera como experto en nutrición y salud pública que culminaría con los 19 años que estuvo al frente del Departamento de Nutrición de los Organismos Internacionales de Salud.
Consciente del freno que comportaban los problemas de nutrición para un desarrollo integral, José María Bengoa siempre planteó la mejora de la alimentación y la nutrición no como una meta, sino como el camino para poder alcanzar aquel desarrollo. Esta fue la filosofía que guió su paso por la dirección de la Fundación Cavendes, una institución dedicada a abordar los problemas de la nutrición y el hambre en el mundo, y particularmente en el subcontinente latinoamericano. Siempre se comportó como un intelectual comprometido con la realidad más inmediata. Su sensibilidad hacia el dolor ajeno provocado por el hambre, la miseria, la enfermedad, la injusticia o la falta de solidaridad, se convirtió en la fuerza que generó su capacidad de respuesta ante aquellos hechos. Junto a su sensibilidad, hay que destacar la generosidad con la que supo alcanzar sus objetivos y la humildad con la que practicó su idea de servicio.
Murió con 96 años, en paz, en su casa, junto a su familia, sin tratar de prolongar su vida artificialmente, de acuerdo con lo que manifestaba en el testamento vital que completaba el ensayo autobiográfico que le publicó la Universidad de Alicante en 2005. Un texto que a través de sus páginas nos acerca a la completa y fructífera tarea que desarrollo como profesional de la medicina social, como docente, como gestor y como investigador, y, por encima de todo, a su extraordinaria calidad humana. Fue un hombre bueno. Descanse en paz.
Josep Bernabeu-Mestre Catedrático de Historia de la Ciencia Universidad de Alicante
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