De aromas, degustación y añoranzas de la Navidad venezolana

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Iniciemos este recorrido por una de las riquezas siempre esperadas en cada hogar de nuestro país: los “manjares” culinarios y decembrinos de nuestra tierra. Como siempre, es un verdadero compromiso enunciarlos, porque todos y cada uno de ellos se diseminan en la cocina de cada venezolano, dentro y fuera del país. Por mayor tradición que se conserve. ¡Así somos los venezolanos!

Imagen elaborada por C. Ernesto García para el folleto: «Tiempo de fe, amor y esperanza» de la revista Brújula de Papel, publicadas por el diario: El Nacional en 2004.

Desde mediados de noviembre de cada año y a propósito de conmemorar a nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Venezuela y sus cocinas, se visten de gala para festejar la navidad en el país. Jolgorio, que se extiende hasta el segundo día de febrero, con la celebración a la patrona: la Virgen de la Candelaria. Estas dos advocaciones marianas de la cultura y religión cristiana venezolana enmarcan y bendicen nuestras cocinas para, también, celebrar el nacimiento del niño Jesús, el niño Dios.

De manera inevitable, esta época del año culturalmente regocija las cocinas y los hogares de lo que los especialistas en la materia denominan: “hormonas de la felicidad: endorfinas, serotonina, dopamina, oxitocina… relacionadas con el bienestar, el placer, la relajación y el alivio del dolor físico y emocional”; porque la culinaria propicia, además, las sobremesas cargadas de historias, de anécdotas, de recuerdos, de risas”. (tomado de: https://www.elimpulso.com/2021/01/02/opinion-recuerdos-en-torno-a-la-mesa-navidena-2ene/)

En Venezuela, el banquete navideño se reconoce por la presencia distintiva de la “multisápida”: la hallaca, y por su expresión menor: el bollito. De sus contornos: la ensalada de gallina o de pollo, el pernil de cochino y el majestuoso pan de jamón. Plato típico de nuestra gastronomía, reconocido como: el plato navideño.

La hallaca, alcanza sus acepciones en tanto la región del país en la que se preparare y consuma. La andina, por ejemplo, es peculiar por la presencia del garbanzo y su acento salado; en comparación a la caraqueña, que se sabe dulzona por la presencia del vino y a veces del papelón. La oriental, personalizada por la rueda de huevo salcochado y de papa; la llanera con sus toques de picante y sin adornos y la zuliana, que trae plátano incorporado a la masa.

Las hallacas; también, se preparan distintas. Con guiso cocido, crudo, con almendra, con encurtidos en vinagre; sin ellos. Con vegetales como adornos, con tomates. El uso de las carnes es peculiar en cada región. Se hacen hasta de pescados, frutos del mar y vegetarianas.

En el caso del pan de jamón (Caracas,1.095), este alcanza su variante más excepcional pasando a ser hecho con masa hojaldrada, con queso crema incorporado, pimentón rojo o verde y hasta con aceitunas negras. Su normalidad consiste en ser un pan, casi sobado, envuelto con jamón, tocineta, ciruelas pasas y aceitunas verdes.

En el caso de la ensalada de gallina, la misma suele variar con la incorporación de la manzana verde, piña y hasta pera. Algunas, hasta dejan presenciar a la pasa rubia. El petit pois o guisante y los espárragos; también, pueden ser ingredientes de elección; así como, la gallina o el pollo.

No obstante, el banquete no se queda allí. Debido a la compensación proteica que otorgan el pernil, el jamón planchado, el pavo, el muchacho redondo o cuadrado o el pollo, dependiendo del caso y de la ocasión. Las bebidas para acompañar este plato pasan a ser protagonizadas por vinos tintos o espumosos; alcoholes o gaseosas.

Mientras que la variedad de postres y dulcería tampoco escatima esfuerzos para formar parte de este banquete. El dulce de lechosa o de lechosa con piña, es tradición. El dulce de orejones con ciruelas pasas, cabello de ángel con piña, la torta negra y sus macerados, el limonsón zuliano, la cafunga, el merey pasao, el mazapán de merey, el tronco de Noel o Bouche, las galletas de jengibre, las torrejas y hasta el tradicional quesillo; engalanan toda esta ingesta para los comensales más peculiares.

Siendo Venezuela un país de riquezas culinarias y culturales, su cocina no podía quedarse sin ello y también, construyó puentes y espacios para la interculturalidad propia del mestizaje que nos caracteriza. Así, platos foráneos; se permiten engalanar nuestras mesas, resultando ser mejores invitados al banquete decembrino. Nueces, avellanas y castañas (castañón o fruta e´pan); uvas, manzanas, arroz moro (moros y cristianos), yuca con mojo, panettone, roscón de reyes, turrones. Hasta Pato guisado y hallacas carabinas, bacalao a vizcaína; proporcionan herencias de otros países y presencias distintivas a nuestras fiestas.

Como el festejo de la natividad del niño Dios transversa la culminación del año calendario y propicia; también, la llegada de los reyes magos, la culinaria en Venezuela decidió no detenerse “en artículos” y decidió continuar su oferta. Arepas y sándwiches de pernil, plátano dulce, tostones y bollos de plátano; macarronada; ponche crema (1.900 de manera comercial”), leche de burra o “leche e burra”, carato de maíz y la mistela andina. Lentejas, uvas y mandarinas. Y los respectivos: sancocho de res, sopa de pollo o hervido de pescado, para compensar este maratón culinario de degustación sin par.

Este rico entorno de comidas, platos y degustaciones han sido el marco referencial de esa Venezuela que se sabía decembrina por sus costumbres y copiosa cocina, ahora añoranzas. De juegos y jolgorios, las patinatas, las patinetas, los patines, las bicicletas, los estrenos, “el niño Jesús” o regalo de navidad, el aguinaldo; las misas de gallo, los reyes magos, hicieron el complemento perfecto de estas fiestas.

El pesebre o la natividad, los aguinaldos, tonos, salves y villancicos, parrandas, gaitas, serenatas; la paradura del niño (desde el 1ero de enero hasta el 2 de febrero), las parrandas, la Danza de los Pastores (en los estados: Aragua y Carabobo); el baile de las locainas y los locos o mamarrachos (en los estados: estados Mérida, Trujillo y Portuguesa), llamados los Zaragozas, en Lara. La Fiesta del Mono, en el estado Monagas. El gobierno de las Mujeres (En Naiguatá y Osma-La Guaira), la Quema del Año Viejo (en los estados: Táchira y Mérida), los Pastores y Reyes Magos (estado Trujillo); los Vasallos de la Candelaria (en Mérida); la llegada de Pacheco (Caracas), la Veneración a San Benito de Palermo, desde el 25 de diciembre hasta el 6 de enero; el Día de los Santos Inocentes (28 de diciembre), hasta el cañonazo y el “¡Feliz año!”.

A todo este recorrido, se le sumó la llegada del espíritu de la navidad (21 de diciembre), el intercambio de regalos y la llegada de San Nicolás (en nochebuena), el montaje del arbolito, las luces de bengala, los “tiritos” o “traqui traqui”; las compras decembrinas; y con ello, las creencias y algunos mitos como el uso de prendas interior color amarillo para atraer la buena suerte y el dinero; el cuento que reza que: “se debe recibir el año con dinero en la mano derecha o en el bolsillo derecho; que para viajar, se toma una maleta grande después de dar el feliz año nuevo y se da una vuelta a la manzana de la casa; se acostumbra comer 12 uvas durante los primeros segundos del año, una por cada campanada en donde se pide un deseo para cada uno de los siguientes meses” (tomado de: https://www.actualidad-24.com/2010/12/costumbres-y-tradiciones-navidenas.html); entre otros, constituyendo así todas estas manifestaciones, quehaceres, costumbres y sabores, la navidad en Venezuela. La que para muchos no existe en ningún otro lugar, ni en ningún otra parte del mundo.

JCBB

La tradición de la uva en Venezuela 🇻🇪 12 uvas para las 12 campanadas que anuncian el fin del año. Seguro hoy en día ya su uso y costumbre está regado por el mundo con cada venezolano ido, que recordaremos con nostalgia.

Desde #FundaciónBengoa les deseamos Feliz Año para todos

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“La disponibilidad de alimentos, en términos del aporte energético promedio para la gran mayoría de los países de América Latina es bastante satisfactoria, pero su distribución siempre ha sido completamente desigual”.

Doctor José María Bengoa

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